Dejé el azúcar por un año y los cambios fueron impresionantes. Ahora volví y me di cuenta del impacto

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Dejé el azúcar por un año y los cambios fueron impresionantes. Ahora volví y me di cuenta del impacto

La dejé, la volví a consumir y ahora la quiero dejar (ojalá pudiera).
En marzo del 2015 hice una “manda”, si se me concedía lo que estaba pidiendo, dejaría el azúcar (refinada) por un año, sí… un año. Bastó que lo dijera en voz alta, como si nada, comentándoselo a una amiga, para que, como arte de magia, mi deseo se cumpliera. No alcancé a celebrar demasiado por que de inmediato recordé:





NADA DE AZÚCAR POR UN AÑO. Muy dentro de mí, quería morir…

Pasaron los días y resulta que mi deseo no solo se cumplió, sino que se superó a sí mismo con creces. No había forma, tenía que cumplir mi parte del trato: hasta pronto amiga azúcar. Así empezó el viaje.

Los primeros meses fueron los más difíciles. No había cumpleaños, junta, matrimonio, festivo ni evento social en el que no mirara todos los postres, cupcakes y demás delicias con cara de perro callejero. Sufría, en serio.

Cabe destacar que antes de la famosa manda, yo era más o menos como un hormiga… es decir, donde había algo dulce, ahí estaba yo, atacando como manda, sin importar qué era ni la calidad. ¡Me encantaba!





Pero, conforme pasaron los días, semanas y meses, se fue haciendo cada vez más fácil. Para suerte mía, al poco tiempo se puso de “moda” dejar el azúcar (no sé por qué la gente se tortura a propósito) y todas las marcas comenzaron a lanzar productos sin azúcar. Llegó un punto en que los supermercados instalaron un pasillo completo, única y exclusivamente de productos light sin azúcar. Mi paraíso. Podía saciar CASI todos mis antojos y sentía que lo que comía eran manjares para los dioses.

Así, cumplí el año. Cuando llegó ese 22 de marzo del 2016, me sentía toda una ganadora, seguro quien haya llegado a la punta del Monte Everest me entenderá. Mi recompensa: un festín de todas las galletas que había anhelado comer durante un año: con chips de chocolate, de coco, rellenas de vainilla, de mantequilla, con cobertura, TODAS LAS QUE PUEDAS IMAGINAR. Comí dos y caí en coma, sobre dosis de azúcar.

Mentira, no se si eso existe. Pero, el dulce que sentía al fondo de la boca, en la lengua y paladar, eran insoportables. Las galletas estaban buenísimas, pero me hostigué mucho antes de poder probarlas todas. Pensé “genial, logré quitarme el gusto por el azúcar, me he hecho un hábito”. Pues, qué equivocada estaba…

No pasó mucho tiempo para que volviera a ser el “mounstro de las galletas”. Claro que, ya no la hormiga dulcera que era antes, al menos ahora comía productos seleccionados y no el primer chocolate de plástico que se me cruce. Pero bueno, dulcera al fin y al cabo.

PODRÁS CON EL RETO ? dejar el azucar por 1 año?

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