La historia de la ugandesa Phiona Mutesi, que dejó atrás las chabolas para ser una chica Disney

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La historia de la ugandesa Phiona Mutesi, que dejó atrás las chabolas para ser una chica Disney

El ajedrez le cambió la vida. La mujer que descubrió el ajedrez por casualidad
Esta es la historia de Phiona Mutesi, la joven ugandesa que sin atravesar el rigor de la muerte descubrió que existe otra vida. Sufrió una infancia desangelada, y una juventud con esperanza.





La Reina de Katwe,

un film producido por Disney y que enseña las dos vidas de Phiona Mutesi.

Durante once años, esa niña de piel negra, la sonrisa blanca y el rostro labrado por la impotencia formó parte del paisaje y el modo de vida patibulario de Katwe, uno de los puntos más crueles del suelo africano.

En una tarde en 2007 a través de su fe cristiana, el ajedrez golpeó la puerta. Phiona, en desesperada búsqueda de comida ingresó a la iglesia Agape, donde en una pequeña habitación, con piso de tierra y paredes de maderas, el ex futbolista Robert Katende enseñaba ajedrez a un grupo de niños, a través del programa Sports Outreach Institute.

Aquella niña con ojos de asombro y cabello rapado comprobó que también existe el amor a primera vista en el juego, y que en poco tiempo más, esas piezas serían el fetiche para torcer su destino.

Es que Phiona Mutesi, nacida en algún 28 de marzo, iletrada y vecina de uno de los suburbios en el viejo bajo fondo donde el barro se subleva, en el corazón de Kampala (capital de Uganda), se sintió presa tierna del deseo, en un punto geográfico con el mayor índice de infección de VIH (el 10% entre los adultos y, el 47% entre los trabajadores sexuales), y en el lugar en el que las mujeres sólo son consideradas para dos cuestiones: el sexo -el 50% de ellas, en la adolescencia ya son madres- y, para el cuidado de los pequeños. Por ello buscó refugio en el ajedrez, quiso perfeccionarse y salir a dar batalla.





Desde su primer jaque

Phiona comprendió que el ajedrez guardaba semejanzas con la vida misma:

El ajedrez es muy parecido a mi vida. Si haces un buen movimiento estás fuera de peligro, pero una mala decisión puede ser la última“.

En 2010, a los 15 años, se adjudicó su primer campeonato local que le permitió integrar el equipo femenino de Uganda, que por primera vez jugó una olimpíada de ajedrez. Fue su primer viaje, en avión y a Siberia. Allí no sólo conoció la nieve, sino también su primera indigestión cuando la alojaron en un hotel 5 estrellas.

Ella es una de las integrantes de Uganda, tarea que viene cumpliendo en las tres últimas citas olímpicas representándola en Khanty Mansiysk, Estambul y Tromso. Por eso esta vez, tampoco su presencia pasó inadvertida.

Este es mi último año en la escuela, y por ello estoy trabajando muy duro para pasar los exámenes. Después tengo el deseo de comenzar la Universidad el año próximo para estudiar leyes y ser abogada

Mutesi una de las pocas alumnas que estudia, come y duerme en la propia escuela y que sólo los fines de semana visita a su familia. Ella también contó que se siente feliz porque consiguió inscribir en el mismo colegio a sus hermanos Brian y Richard, y con esto alivianará el trabajo de mamá (Harrier).

Una historia que nace y muere con el ajedrez.
Como aseguró el novelista inglés, James Byron, “una vida es demasiado breve para tanto ajedrez”. Acaso por ello, para contar la de Phiona Mutesi se necesiten algo así como dos.

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