Tuvo que pedir permiso en un restaurante para poder entrar con su hijo

Los padres de Eli compartieron recientemente un episodio muy lindo y revindicador que vivieron en el restaurante The Barrel Chapeltown cuando se acercaron para almorzar allí en compañía de sus tres hijos. El encargado del lugar les dio la más bonita de las bienvenidas en un momento realmente difícil por el que habían estado atravesando.

Pero su historia comienza mucho años antes de aquel lindo día.

Michelle y Eric se conocieron siendo ambos muy jovenes y una de las cosas más bonitas que dicen es que creen que la salud de un matrimonio se mide por la capacidad de soñar juntos y que en ese sentido su matrimonio es súper saludable, pues ambos pasan horas juntos, recostados y abrazados, haciendo planes sobre el futuro. Siempre fue así.

Desde los primeros meses juntos planearon tener varios hijos y estos no se hicieron esperar. Un par de años luego de estar casados nacieron sus tres hijas mayores, pensaron que con ellas era suficiente pero cinco años después del nacimiento de su hija menor, Eli tocó la puerta de sus vidas.

Por supuesto el pequeño fue más que bienvenido y la idea de tener un nuevo bebé los hizo muy felices, su cuarto hijo.

El embarazo iba muy bien, pero a la semana 20 de gestación, el médico les informó que el pequeño tenía un problema en su corazón y que sus intestinos estaban obstruidos.Estos dos síntomas podían indicar que Eli sufría de Síndrome de Down.

Michelle se practicó un examen para confirmarlo y el resultado fue positivo.

Para ellos la condición de su hijo no tenía ninguna importancia, lo único que pedían al cielo era que viviera, que naciera para poder cuidarlo, para poder abrazarlo y cargarlo en sus brazos. Pensar en perder a su bebé les destrozaba el alma.

Afortunadamente sus plegarias fueron escuchadas y aunque Eli tuvo que nacer por medio de una cirugía de emergencia, sus padres pudieron sentir entre sus brazos aquel pequeño que los miró  con gran ternura desde la primera vez…

El instante duró demasiado poco pues el bebé fue inmediatamente separado de sus padres e ingresado a una sala de cirugías donde le desbloquearían sus intestinos. Pasaron dos largos días en que estuvieron alejados de su hijo y doce más hasta poder salir de cuidados intensivos e ir a casa.

En los siguientes seis meses Eli tuvo que estar a la espera de un donante de corazón, pues necesitaba un trasplante tan pronto como fuera posible. El día llegó y Michelle dice que fue el más duro de su vida, pues se despidió de su hijito sin saber si lo volvería a ver.

La operación fue todo un éxito y aunque la recuperación fue muy extenuante, Eli creció fuerte a partir de allí.

Para Michelle y Eric cada día al lado de su hijo es un milagro y algo para celebrar, por ello cuando ven la cara de rechazo de las personas que lo miran como si fuera un bicho raro, se les parte el corazón.

Saben que son los demás quienes están mal, porque su hijo no tiene nada extraño, al contrario, es tan perfecto como alguien pueda desear.

Las situaciones desagradables que genera su aspecto, un poco distinto al de otros niños, y sobre todo lo inquieto y ruidoso que es, son dolorosas, pero tal vez lo más difícil de enfrentar es cuando deben salirse de un restaurante con su cena a medio comer porque los clientes se han quejado sobre los ruidos que hace el niño, dicen que se sienten incómodos con su presencia.

Dichas situaciones obligaron a Eric a pedir siempre permiso de entrar con su hijo a un restaurante, para evitar tener inconvenientes. Él advierte las condiciones de Eli y si el lugar se muestra tranquilo al respecto ellos entran, si desde un principio dejan ver que las políticas del lugar son poco tolerantes prefieren buscar un sitio distinto.

Las cosas eran así hasta el día en que llegaron a The Barrel Chapeltown, un bonito restaurante dónde el encargado, lejos de rechazarlos les dio una cálida bienvenida.

Él se conmovió mucho de que un padre tuviera que pedir permiso para ingresar a un lugar sólo porque su hijo es un poco diferente y las personas intolerantes forman un problema. Les dijo que allí, si un cliente se quejaba, le iban a pedir que se fuera, pero nunca se lo pedirían a un bebé tan adorable como Eli.

Los padres del pequeño estuvieron muy agradecidos con la gentiliza y compartieron la historia.

Así mismo el encargado del restaurante dijo lo siguiente:

Mi intención no era avergonzar al padre con el que hablé ayer, toda la noche he estado pensando en mi mente cómo este hombre debió haberse sentido preguntándome si su hijo sería aceptado aquí. Luego todo esto me hizo pensar en cuántas otras personas deben estar en su misma posición.

Si estás en casa con un niño, compañero o amigo discapacitado y te da miedo llevarlos a cualquier parte por temor a que alguien haga comentarios, puedes traerlos aquí . Si encuentro que alguien hace comentarios o es irrespetuoso, se le pedirá que se vaya, no a ti.

De esta manera Eli y su familia encontraron su restaurante preferido.

La madre de Eli comenzó una empresa que busca apoyar a los padres y niños con discapacidades para motivarlos a que se empoderen y luchen en contra de la discriminación, su iniciativa esta enfocada en hacer camisetas y venderlas con mensajes alusivos a la unión y la inclusión.

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