Un hombre comprendió demasiado tarde el sacrificio que su madre hizo por él

Una buena madre es capaz de sacrificar todo lo que posee por sus hijos. Las madres parecieran no tener limites a la hora de entregar su tiempo, su vida, renunciar a sus sueños si es preciso, para darles a los seres que más aman en el mundo lo esencial para que puedan vivir.

A ellas no les basta con habernos dado la vida, darían su vida sin pensarlo un segundo por nosotros. Lamentablemente los hijos no siempre valoramos todo su esfuerzo y sacrificio.

Tal fue el caso de un hombre que muy tarde descubrió todo lo que su madre había hecho por él y lo injusto que él había sido con ella.

La madre de este hombre era una hermosa mujer que muy joven quedó embarazada. Su pareja al enterarse no quiso apoyarla y la abandonó, su familia también le dio la espalda, pues consideraban una deshonra que ella tuviera un hijo sin haberse casado primero.

Así, sin dinero, sin experiencia, con miles de preguntas en su mente y lágrimas en los ojos abandonó su ciudad y se mudó a una nueva, donde pudiera comenzar de cero con el hijo que cargaba en su vientre.

No lograba conseguir un empleo fijo por su estado, pero como pudo logró sobrevivir hasta que el día del parto llegó.

Ella estaba muy feliz de dar a luz a su hijo pero en el momento en que lo vio por primera vez rompió a llorar pues él bebé había nacido con un ojo solamente. Lo lamentó profundamente, no por ella, sino por él, pues sabía lo difícil que sería su vida.

El médico que la había atendido, le informó que internamente él niño estaba bien y que si se encontrara un donante compatible podría ser un niño completamente normal, con ambos ojos.

De inmediato, ella le dijo al doctor que por favor tomaran uno de sus ojos y le hicieran el trasplante a su hijo. Les hicieron los exámenes correspondientes y eran compatibles. Su madre no vaciló ni por un minuto en darle a su hijo uno de sus ojos.

El cuerpo del niño recibió perfectamente el trasplante, lo único es que su ojo natural era de color café, mientras que el de su madre era color ámbar. Para ella su hijo era perfecto.

Los años pasaron y ella nuca le dijo nada a su hijo. Él creció pensando que su madre no tenía un ojo y que él había nacido con los dos ojos de distinto color.

Después de pasar muchos apuros, la madre al fin consiguió un trabajo en una escuela, encargándose de la limpieza general y cuando el niño tuvo edad suficiente comenzó sus estudios en la escuela en que su madre trabajaba.

Allí las cosas empezaron a complicarse, pues los otros chicos molestaban al niño, haciendo burlas sobre su madre y su ojos de diferente color.

Él siguió creciendo y el acoso escolar no paró, al contrario año tras año fue peor.

El chico acumuló mucho rencor y lamentablemente culpó a su madre por todo lo que él debía pasar. Se prometió a sí mismo salir de aquella pequeña ciudad y abandonar todo lo que odiaba, incluyendo a su madre.

Ella soportó todo en silencio, incluso el rechazo de su hijo.

Más años pasaron y el joven cumplió la promesa que se había hecho y tan pronto se graduó se fue a estudiar a una gran ciudad gracias a una beca que con esfuerzo y dedicación consiguió.

El día que se fue de su casa se despidió para siempre de su madre.

Terminó su carrera y pronto se convirtió en un profesional muy exitoso, conoció a una hermosa mujer con la que se casó y tuvo dos hijos, una niña y un niño. Su vida parecía perfecta, estaba viviendo lo que siempre había soñado y atrás había quedado lo que el llamaba la pesadilla de infancia.

Justo cuando se encontraba en su mejor momento una visita inesperada tocó su puerta. Era su madre. Él no entendía como había dado con él, ni porqué lo había ido a buscar, con su corazón cruel, no quiso atenderla, le dijo que estaba ocupado y ella no tuvo más remedio que dar media vuelta y regresar a su hogar.

Mucho tiempo después el hombre recibió una carta de invitación para asistir a una reunión de ex alumnos de la escuela en la que él se había formado y en la que su madre trabajaba, producto de la nostalgia, decidió asistir.

Estando en la cuidad en la que creció, quiso visitar la casa de su madre, no sabía qué esperar, pero tampoco se planteó demasiado el asunto, simplemente caminó hasta encontrarse frete al que alguna vez fue su hogar.

Tocó la puerta pero nadie atendió. Insistió un par de veces más, pero como la casa parecía estar vacía decidió alejarse de allí y regresar a su perfecta vida. Sin embargo, una vecina interceptó su camino, él le preguntó si había conocido a la mujer que vivía en esa casa y ella le respondió que por supuesto.

Sorpresivamente para él hombre la mujer lo reconoció de inmediato y lo llamó por su nombre. La anciana le dijo que su madre había muerto y le entregó una carta de despedida que ella le había dejado.

Él la leyó rápidamente y no sintió precisamente dolor ni pena, hacía muchos años había sacado de su corazón a su madre, meditó unos momentos y decidió que ya era hora de irse, se despidió de la mujer que le había dado la noticia sobre la muerte de su madre y por pura curiosidad antes de partir le preguntó cómo lo había reconocido.

Ella le dijo: por tus ojos

Él no entendió bien y le preguntó a qué se refería, ella le respondió: es imposible olvidar lo hermosos que eran los ojos de tu madre, tu tienes uno de ellos porque naciste sin un ojo y tu madre te donó uno de los de ella, por eso son de distinto color.

En ese momento el mundo se le vino encima y todos los recuerdos, todos los momentos que vivió en su niñez aparecieron en su mente nuevamente, pero esta vez veía todo diferente. Comprendió el sacrificio de su madre y lo injusto que él había sido con ella.

Quiso abrazarla, pedirle perdón, retroceder en el tiempo y pasar cada minuto a su lado, ayudarla en su trabajo, decirle que la amaba y agradecerle por haber hecho tanto por él, pero ya era demasiado tarde, después de una vida de tristeza, soledad y rechazo, ella se había marchado para siempre.

El mundo del hombre se derrumbó, las bases en las que construyó su vida cayeron estrepitosamente y no sabía como iba a poder seguir adelante después de haber sido tan cruel con la mujer que lo había sacrificado todo por él.

Sin saber bien cómo, en estado de shock, regresó a su casa y poco a poco con el amor de su esposa e hijos se fue recuperando.

Cuando tuvo suficiente claridad mental para pensar en todo lo ocurrido, entendió que ya no podía hacer nada por su madre, que ya no podía decirle cuanto lo sentía, ni pedirle perdón, pero podía hacer algo que hiciera que ella desde el cielo se sintiera orgullosa y a la vez le recordara a él sus equivocaciones para nunca más volver a cometerlas.

Decidió que enfrentaría lo que su madre enfrentó cuando el nació, decidió donar a un niño que lo necesitara su ojo, no el que su madre generosamente le había dado, pues era lo único que le quedaba de ella y había sido su regalo de ella para él, sino el propio, el de color café.

De esta manera se revindicaría un poco por su injusticia y aprendería a llevar la marca del sacrificio en su propio rostro, en honor a la mujer que no sólo le dio la vida sino la oportunidad de disfrutarla a plenitud, incluso a costa de ella misma.

Mamá no siempre estará a tu lado, amala ahora que tienes la oportunidad, no esperes que sea demasiado tarde! Comparte esta historia.